Me despierto de un sueño de esos en los que veo las cosas con todo lujo de detalles. Me encontraba no sé donde mirando etiquetas de ropa. Y vale, me gusta la ropa, pero no, no es que sea adicta a las compras ni una fashion victim, ni que padezca de ninguno trastorno tipo "compro todo lo que veo por internet, no puedo evitarlo". Así que si alguien está pensando en decirme que me vaya de compras, gracias, pero no. Bueno, si tú pagas tampoco voy a negarme, pero vamos, que no es a lo que iba :)
Que ahí estaba yo, como si tal cosa, ahogada en mi mar de etiquetas y entonces, bum, me despierto y pienso que por qué demonios no viviré así mi vida día a día. Tampoco me preguntes porqué fue eso lo que pensé porque las etiquetas son etiquetas y yo no soy Freud, pero eso fue; de repente sentí un absurdo malestar al darme cuenta de que, con los ojos abiertos, no me fijo tanto en las cosas. Me paso el día preocupándome por qué será de mí mañana o lamentando lo que dejé de hacer ayer, y así, entre futuro y pasado, se me pasa el presente con millones de imágenes una detrás de otra sin a penas darme cuenta. Y aunque a veces sea una mierda, es lo que hay. Al menos, es, y ya es más de lo que puedo decir de ayer y de mañana.
lunes, 17 de febrero de 2014
jueves, 19 de diciembre de 2013
De Campofrío... me río.
Vale, tengo que confesar que yo también me emocioné con el dichoso anuncio de Campofrío. Que sí, que es muy bonito. Que los españoles somos muy guays y además se me cayó alguna lagrimilla, porque yo soy así de ñanga y me gusta la gente, ¡qué le voy a hacer si soy española! Pero vamos, que nadie sienta lástima por mi. Viniendo de alguien que necesita una caja de pañuelos para enfrentarse cada año al anuncio de los turrones y que incluso lloró porque Harry Potter era huérfano, comprenderán que no le haya dado mucha importancia.
Imagínense la escenita: ahí estaba yo, viendo un anuncio protagonizado por una abuelita entrañable y no sé cuántas caras conocidas, y llorando como una magdalena. ¡Y encima en navidad! Menudo panorama. Entonces me dio por pensar que tengo 32 años, estudios, idiomas, ganas, y cero oportunidades, y vamos, ¡como para dejar de llorar!
Que ni a mí ni a muchos nos engañan, señores publicistas. Espero, de todo corazón, que se cansen de vender chorizos, que en España abundan, pero no intenten venderme la moto de que este es un país en el que merece la pena vivir, porque no es así. Malvivimos, si acaso, y no hacemos nada para solucionarlo. Seguimos votando al PSOE o al PP porque en este país somos muy de tradiciones, las tradiciones molan y los romanos siguen matando personas en la arena porque las tradiciones hay que respetarlas, faltaría más. En esta, "mi querida España", parece que eso de "más vale malo conocido que bueno por conocer" nos lo grabaron a fuego como a las pobres vacas. Y yo, sinceramente, prefiero probar cien mil cosas malas con la esperanza de que algo cambie que quedarme con lo que tenemos ahora.
Y si todavía me engañaran sin saberlo, pues mira, podría ser más o menos feliz en mi estúpida ignorancia. Ocuparía mis horas sin trabajo llorando con emocionantes anuncios y pensando en las cosas bonitas de la vida, ¡a quién le importa lo material!¡Qué gente más superficial! Pero vamos, ¿en mi propia cara? ¿Que sepamos todos con certeza que fulano y mengano se pasan la vida robando y viviendo de y como reyes y que encima me digan eso de que "vivíamos por encima de nuestras posibilidades"? ¿Que nosotros vivíamos por encima de nuestras posibilidades? ¡Venga, hombre!
Los publicistas encargados del anuncio de Campofrío son buenísimos, pero permítanme decirles que
al final al anuncio le faltó lo más importante. Lo que nos une de verdad a todos los españoles es que somos idiotas, y encima nos gusta.
Imagínense la escenita: ahí estaba yo, viendo un anuncio protagonizado por una abuelita entrañable y no sé cuántas caras conocidas, y llorando como una magdalena. ¡Y encima en navidad! Menudo panorama. Entonces me dio por pensar que tengo 32 años, estudios, idiomas, ganas, y cero oportunidades, y vamos, ¡como para dejar de llorar!
Que ni a mí ni a muchos nos engañan, señores publicistas. Espero, de todo corazón, que se cansen de vender chorizos, que en España abundan, pero no intenten venderme la moto de que este es un país en el que merece la pena vivir, porque no es así. Malvivimos, si acaso, y no hacemos nada para solucionarlo. Seguimos votando al PSOE o al PP porque en este país somos muy de tradiciones, las tradiciones molan y los romanos siguen matando personas en la arena porque las tradiciones hay que respetarlas, faltaría más. En esta, "mi querida España", parece que eso de "más vale malo conocido que bueno por conocer" nos lo grabaron a fuego como a las pobres vacas. Y yo, sinceramente, prefiero probar cien mil cosas malas con la esperanza de que algo cambie que quedarme con lo que tenemos ahora.
Y si todavía me engañaran sin saberlo, pues mira, podría ser más o menos feliz en mi estúpida ignorancia. Ocuparía mis horas sin trabajo llorando con emocionantes anuncios y pensando en las cosas bonitas de la vida, ¡a quién le importa lo material!¡Qué gente más superficial! Pero vamos, ¿en mi propia cara? ¿Que sepamos todos con certeza que fulano y mengano se pasan la vida robando y viviendo de y como reyes y que encima me digan eso de que "vivíamos por encima de nuestras posibilidades"? ¿Que nosotros vivíamos por encima de nuestras posibilidades? ¡Venga, hombre!
Los publicistas encargados del anuncio de Campofrío son buenísimos, pero permítanme decirles que
jueves, 5 de diciembre de 2013
a Nelson:
Querido Madiba:
Tu cuerpo tenía fecha de caducidad, pero sé que no te has ido. Yo, que no creo en dioses ni en reencarnaciones, miro hoy al cielo deseando que existiera y me dejaran entrar algún día. "Soy amiga de Madiva", le diría al de la puerta. "Pasa, pasa, entonces eres VIP".
Tus ideas son eternas; tu lucha fue constante y tu bondad, infinita. Elegiste siempre el camino del amor frente al del odio, el perdón frente el rencor, y así, cambiaste mi vida sin saberlo. Leí acerca de ti en clase de historia: un hombre negro en un país lejano que protestaba mucho porque no le dejaban entrar en los mismos sitios que a los blancos. "¡Qué no puede ir al mismo baño que un blanco! ¡Qué raros son los mayores!" No entendía qué demonios importaba el color de la piel ni que hacías en la cárcel y te imaginaba arrepentido en tu celda por haber armado tanto lío por que no te dejaran jugar con alguien. Luego me decían que no en el patio y te entendía. Me devanaba los sesos en casa pensando qué hacer para liberarte. Bien saben mis padres cuánto los volvía locos con absurdas historias al estilo de "vamos y hablamos con el que manda en África que seguro que lo entiende. No creo que Nelson pensara que pasaría esto. ¡Tú harías lo mismo si no te dejaran entrar en tus sitios preferidos!" Me enfadaba con el mundo por tenerte en silencio, con todo lo que tenías que enseñar, tan lejos de los que podíamos ayudarte. Me gané más de una bronca por protestar en voz alta, por hablar como los loros sobre lo bruto que eran los adultos y soñar despierta. Pero llegó el día en el que brindamos con Appletisser, ¡porque eras libres! Entonces yo, con casi 9 años, entendí que existía la justicia. Que mis cuentos decían la verdad: los adultos a veces se equivocan pero de alguna forma siempre acaban solucionándolo todo. Abrazo y final feliz.
Muchas cosas han cambiado desde entonces. A base de bien he aprendido que las cosas no son siempre justas ni acaban felizmente; que no todo el mundo es bueno o malo, ni humilde o franco; y que la avaricia y el egoísmo son las mayores lacras de la humanidad. Mucho ha cambiado la sociedad y todo está del revés. Mi país me avergüenza y me frustra. Los que me representan me humillan; se ríen, ni siquiera a mis espaldas, mientras yo sueño con oportunidades que nunca llegan; me exigen dinero que no me permiten ganarme y, mientras me dan la palmadita en la espalda, me entretengo con chistes virales y chorradas varias.
Me gustaría luchar como tú hiciste. Estoy perdida en el mundo pero, de alguna forma, tu luz siempre me guía y me recuerda que hay dos formas de llegar al mismo sitio. "Pase lo que pase, no pienso soltar el hilo de la bondad y el amor. Puede que no me lleve a ningún sitio pero desde luego, el camino será más agradable". Esa era mi gran idea. Y hasta ahora no me ha llevado muy lejos. Estoy donde empecé. Por fin hoy, he entendido tu mensaje.
Sigo siendo aquella niña que patalea frustrada, se da cabezazos con las paredes porque las cosas no salen y se enfada con el mundo por no hacer nada al respecto. ¡Vamos, mundo, hazme caso, qué existo!
No voy a engañarte. Nunca he sido tan valiente como tú. No tengo tu fuerza ni tu actitud, ni siquiera tu inteligencia.
Soy insegura y de lágrima fácil, me cuesta dejar marchar y superar las pérdidas. No soy más que un cerdito soplando ante un muro de hormigón. Pero hoy me he acordado de ti, y me has dicho sin tapujos cual es mi problema: "Pero Idaira, ni siquiera la paja bien puesta se derrumba con 20 soplidos", he imaginado que me decías. ¡Hasta en tu último aliento te tengo dándome lecciones!
Tu camino era el amor, sí, eso me quedó bastante claro hace tiempo, pero tu compañero era la constancia. Ganaste porque perseveraste y así, cuando menos lo esperaba, he decidido dejar entrar en mi vida a esta nueva amiga.
Como todas las relaciones, estaremos un tiempo sin despegarnos. Volveré loca a los míos hablando de ella, de su perfección y sus virtudes. De como iría con ella hasta el fin del mundo y vuelta. Algún día empezaré a ver cosas que no me gustan, a aburrirme de su tardanza, a desconfiar de sus promesas que nunca llevan a nada. Supongo que nos pelearemos, gritaremos y hasta la echaré un par de veces de mi vida. Entonces todos dirán aquello de que nada es eterno, que ya lo sabían y bla, bla,bla. Pero te prometo, querido Madiba, que a esta compañera, como al amor, nunca la dejaré marchar. Gracias, amigo Nelson.
Tu cuerpo tenía fecha de caducidad, pero sé que no te has ido. Yo, que no creo en dioses ni en reencarnaciones, miro hoy al cielo deseando que existiera y me dejaran entrar algún día. "Soy amiga de Madiva", le diría al de la puerta. "Pasa, pasa, entonces eres VIP".
Tus ideas son eternas; tu lucha fue constante y tu bondad, infinita. Elegiste siempre el camino del amor frente al del odio, el perdón frente el rencor, y así, cambiaste mi vida sin saberlo. Leí acerca de ti en clase de historia: un hombre negro en un país lejano que protestaba mucho porque no le dejaban entrar en los mismos sitios que a los blancos. "¡Qué no puede ir al mismo baño que un blanco! ¡Qué raros son los mayores!" No entendía qué demonios importaba el color de la piel ni que hacías en la cárcel y te imaginaba arrepentido en tu celda por haber armado tanto lío por que no te dejaran jugar con alguien. Luego me decían que no en el patio y te entendía. Me devanaba los sesos en casa pensando qué hacer para liberarte. Bien saben mis padres cuánto los volvía locos con absurdas historias al estilo de "vamos y hablamos con el que manda en África que seguro que lo entiende. No creo que Nelson pensara que pasaría esto. ¡Tú harías lo mismo si no te dejaran entrar en tus sitios preferidos!" Me enfadaba con el mundo por tenerte en silencio, con todo lo que tenías que enseñar, tan lejos de los que podíamos ayudarte. Me gané más de una bronca por protestar en voz alta, por hablar como los loros sobre lo bruto que eran los adultos y soñar despierta. Pero llegó el día en el que brindamos con Appletisser, ¡porque eras libres! Entonces yo, con casi 9 años, entendí que existía la justicia. Que mis cuentos decían la verdad: los adultos a veces se equivocan pero de alguna forma siempre acaban solucionándolo todo. Abrazo y final feliz.
Muchas cosas han cambiado desde entonces. A base de bien he aprendido que las cosas no son siempre justas ni acaban felizmente; que no todo el mundo es bueno o malo, ni humilde o franco; y que la avaricia y el egoísmo son las mayores lacras de la humanidad. Mucho ha cambiado la sociedad y todo está del revés. Mi país me avergüenza y me frustra. Los que me representan me humillan; se ríen, ni siquiera a mis espaldas, mientras yo sueño con oportunidades que nunca llegan; me exigen dinero que no me permiten ganarme y, mientras me dan la palmadita en la espalda, me entretengo con chistes virales y chorradas varias.
Me gustaría luchar como tú hiciste. Estoy perdida en el mundo pero, de alguna forma, tu luz siempre me guía y me recuerda que hay dos formas de llegar al mismo sitio. "Pase lo que pase, no pienso soltar el hilo de la bondad y el amor. Puede que no me lleve a ningún sitio pero desde luego, el camino será más agradable". Esa era mi gran idea. Y hasta ahora no me ha llevado muy lejos. Estoy donde empecé. Por fin hoy, he entendido tu mensaje.
Sigo siendo aquella niña que patalea frustrada, se da cabezazos con las paredes porque las cosas no salen y se enfada con el mundo por no hacer nada al respecto. ¡Vamos, mundo, hazme caso, qué existo!
No voy a engañarte. Nunca he sido tan valiente como tú. No tengo tu fuerza ni tu actitud, ni siquiera tu inteligencia.
Soy insegura y de lágrima fácil, me cuesta dejar marchar y superar las pérdidas. No soy más que un cerdito soplando ante un muro de hormigón. Pero hoy me he acordado de ti, y me has dicho sin tapujos cual es mi problema: "Pero Idaira, ni siquiera la paja bien puesta se derrumba con 20 soplidos", he imaginado que me decías. ¡Hasta en tu último aliento te tengo dándome lecciones!
Tu camino era el amor, sí, eso me quedó bastante claro hace tiempo, pero tu compañero era la constancia. Ganaste porque perseveraste y así, cuando menos lo esperaba, he decidido dejar entrar en mi vida a esta nueva amiga.
Como todas las relaciones, estaremos un tiempo sin despegarnos. Volveré loca a los míos hablando de ella, de su perfección y sus virtudes. De como iría con ella hasta el fin del mundo y vuelta. Algún día empezaré a ver cosas que no me gustan, a aburrirme de su tardanza, a desconfiar de sus promesas que nunca llevan a nada. Supongo que nos pelearemos, gritaremos y hasta la echaré un par de veces de mi vida. Entonces todos dirán aquello de que nada es eterno, que ya lo sabían y bla, bla,bla. Pero te prometo, querido Madiba, que a esta compañera, como al amor, nunca la dejaré marchar. Gracias, amigo Nelson.
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lunes, 14 de octubre de 2013
Se acabó el sobrevivir.
No day but today. Y con esta pequeña frase comienzo mi blog: no hay más día que hoy. La frase, como muchos sabrán, no es mía. Es el título de una canción y el lema del musical RENT y resume, a grandes rasgos, lo que quiero que sea este espacio. Un recordatorio de que no hay más día que hoy, sea cual sea el hoy que vivamos, y que lo mejor que podemos hacer es exprimirlo al máximo. Y no me refiero a saltar en paracaídas, correr diez maratones o subir el Kilimanjaro. Si disfrutas con eso, adelante; si lo tuyo es la tranquilidad de los atardeceres, la sonrisa de alguien querido, la lectura, la música, el deporte, o incluso si todavía estás buscando qué es lo tuyo, este es tu sitio. ¿El único requisito? Querer dejar de sobrevivir para empezar a vivir.
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