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jueves, 5 de diciembre de 2013

a Nelson:

Querido Madiba:

Tu cuerpo tenía fecha de caducidad, pero sé que no te has ido. Yo, que no creo en dioses ni en reencarnaciones, miro hoy al cielo deseando que existiera y me dejaran entrar algún día. "Soy amiga de Madiva", le diría al de la puerta. "Pasa, pasa, entonces eres VIP".
 Tus ideas son eternas; tu lucha fue constante y tu bondad, infinita. Elegiste siempre el camino del amor frente al del odio, el perdón frente el rencor, y así, cambiaste mi vida sin saberlo. Leí acerca de ti en clase de historia: un hombre negro en un país lejano que protestaba mucho porque no le dejaban entrar en los mismos sitios que a los blancos. "¡Qué no puede ir al mismo baño que un blanco! ¡Qué raros son los mayores!" No entendía qué demonios importaba el color de la piel ni que hacías en la cárcel y te imaginaba arrepentido en tu celda por haber armado tanto lío por que no te dejaran jugar con alguien. Luego me decían que no en el patio y te entendía. Me devanaba los sesos en casa pensando qué hacer para liberarte. Bien saben mis padres cuánto los volvía locos con absurdas historias al estilo de "vamos y hablamos con el que manda en África que seguro que lo entiende. No creo que Nelson pensara que pasaría esto. ¡Tú harías lo mismo si no te dejaran entrar en tus sitios preferidos!" Me enfadaba con el mundo por tenerte en silencio, con todo lo que tenías que enseñar, tan lejos de los que podíamos ayudarte. Me gané más de una bronca por protestar en voz alta, por hablar como los loros sobre lo bruto que eran los adultos y soñar despierta. Pero llegó el día en el que brindamos con Appletisser,  ¡porque eras libres! Entonces yo, con casi 9 años, entendí que existía la justicia. Que mis cuentos decían la verdad: los adultos a veces se equivocan pero de alguna forma siempre acaban solucionándolo todo. Abrazo y final feliz.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. A base de bien he aprendido que las cosas no son siempre justas ni acaban felizmente; que no todo el mundo es bueno o malo, ni humilde o franco;  y que la avaricia y el egoísmo son las mayores lacras de la humanidad. Mucho ha cambiado la sociedad y todo está del revés. Mi país me avergüenza y me frustra. Los que me representan me humillan; se ríen, ni siquiera a mis espaldas, mientras yo sueño con oportunidades que nunca llegan; me exigen dinero que no me permiten ganarme y, mientras me dan la palmadita en la espalda, me entretengo con chistes virales y chorradas varias.

Me gustaría luchar como tú hiciste. Estoy perdida en el mundo pero, de alguna forma, tu luz siempre me guía y me recuerda que hay dos formas de llegar al mismo sitio. "Pase lo que pase, no pienso soltar el hilo de la bondad y el amor. Puede que no me lleve a ningún sitio pero desde luego, el camino será más agradable". Esa era mi gran idea. Y hasta ahora no me ha llevado muy lejos. Estoy donde empecé. Por fin hoy, he entendido tu mensaje.

Sigo siendo aquella niña que patalea frustrada, se da cabezazos con las paredes porque las cosas no salen y se enfada con el mundo por no hacer nada al respecto. ¡Vamos, mundo, hazme caso, qué existo!
No voy a engañarte. Nunca he sido tan valiente como tú. No tengo tu fuerza ni tu actitud, ni siquiera tu inteligencia.
Soy insegura y de lágrima fácil, me cuesta dejar marchar y superar las pérdidas. No soy más que un cerdito soplando ante un muro de hormigón. Pero hoy me he acordado de ti, y me has dicho sin tapujos cual es mi problema: "Pero Idaira, ni siquiera la paja bien puesta se derrumba con 20 soplidos", he imaginado que me decías. ¡Hasta en tu último aliento te tengo dándome lecciones!

Tu camino era el amor, sí, eso me quedó bastante claro hace tiempo, pero tu compañero era la constancia. Ganaste porque perseveraste y así, cuando menos lo esperaba, he decidido dejar entrar en mi vida a esta nueva amiga.

Como todas las relaciones, estaremos un tiempo sin despegarnos. Volveré loca a los míos hablando de ella, de su perfección y sus virtudes. De como iría con ella hasta el fin del mundo y vuelta. Algún día empezaré a ver cosas que no me gustan, a aburrirme de su tardanza, a desconfiar de sus promesas que nunca llevan a nada. Supongo que nos pelearemos, gritaremos y hasta la echaré un par de veces de mi vida. Entonces todos dirán aquello de que nada es eterno, que ya lo sabían y bla, bla,bla.  Pero te prometo, querido Madiba, que a esta compañera, como  al amor, nunca la dejaré marchar. Gracias, amigo Nelson.